Mi Riconcito para Leer
18 sept 2015
Lo que siento por ti - Idea Vilariño
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.
10 abr 2015
Emily Brontë
To Imagination; (1818-1848)
Cuando agotados de la extensa jornada,
Y del terrenal cambio del dolor por el dolor,
Perdida, dispuesta a la desesperación,
Tu cálida voz me convoca de nuevo;
Mi sincero amigo, nunca estoy sola
Si tu presencia y ese tono me acompañan.
Sin esperanzas descansa el mundo sin tí,
El mundo sin este doble de mí;
Tu mundo de astucias, odios y duda,
De frías sospechas sin lugar,
Donde tú, yo y la Libertad
Disfrutan una soberanía muda.
Lo que importa es que todo alrededor,
Peligro, angustia y oscuridad,
No rompen las cadenas de nuestra soledad
Donde habita el cielo en su esplendor,
Alimentado por diez mil rayos eternos
De soles que no han conocido el invierno.
La Razón sin dudas habrá de objetar
Por la triste realidad de la naturaleza,
Explicando que el sufrimiento del corazón es vano,
Y que sus preciados sueños deben perecer;
La Verdad con rudeza busca asolar
Las flores de la fantasía que tímidas asoman.
Pero tú siempre serás el que trae
Las cerradas visiones que retornan,
El aliento de nuevas glorias caídas en primavera,
Llamando a la vida de la muerte,
Susurrando con la divina voz
De un mundo real y brillante como tú.
No confío en la dicha de tu fantasma,
Pero en las horas quietas de la noche,
Con un incesante agradecimiento
Te doy la bienvenida, bendito aliento,
Fiel asistente de los humanos deseos,
La más brillante esperanza
Allí donde la esperanza muere.
9 abr 2015
Alfonsina Storni
Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
7 abr 2015
Jorge Luis Borges
1 abr 2015
Amado Nervo
Mi alma es una princesa en su torre metida,
Con cinco ventanitas para mirar la vida.
Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó.
Y tu alma, que desde antes de morirte volaba,
Es un ala magnífica, libre de toda traba...
Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!
¡Qué entiendo de las cosas! Las cosas se me ofrecen,
No como son de suyo, sino como aparecen
A los cinco sentidos con que Dios limitó
Mi sensorio grosero, mi percepción menguada.
Tú lo sabes hoy todo...; ¡yo, en cambio, no sé nada!
Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!
30 mar 2015
José Ángel Buesa
24 mar 2015
Hagamos un trato - Mario Benedetti
- puede contar conmigo no hasta dos o hasta diez sino contar conmigosi alguna vez advierte que la miro a los ojos y una veta de amor reconoce en los míos no alerte sus fusiles ni piense qué delirio a pesar de la veta o tal vez porque existe usted puede contar conmigosi otras veces me encuentra huraño sin motivo no piense qué flojera igual puede contar conmigopero hagamos un trato yo quisiera contar con ustedes tan lindo saber que usted existe uno se siente vivo y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos aunque sea hasta cinco no ya para que acuda presurosa en mi auxilio sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo.
18 jun 2013
De regreso a la lectura
Credo
Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso, Creador del Cielo de la Tierra;
Creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,
que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo,
pero que cada día resucita en el corazón de los hombres,
Creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable,
Creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa,
Creo en la cualidad aérea del ser humano,
configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose
como una Purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
Creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente
debajo de la almohada de mi niñez;
Creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música,
yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré,
salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma,
Creo en Rainer María Rilken héroe de la lucha del hombre por la belleza,
que sacarificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer,
Creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia,
Creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;
Creo en un barco esbelto y distantísimo
que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;
su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles,
junto a sus sienes un resplandor de estrellas.
Creo en el perro de Ulises,
en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas,
en el loro de Robinson Crusoe.
Creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta,
el Beralfiro el caballo de Rolando,
y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero.
Creo en la amistad como el invento más bello del hombre,
Creo en la poesía y en fin,
Creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.
15 nov 2012
Juana de Ibarbourou
Como una ala negra tendí mis cabellos
sobre tus rodillas.
Cerrando los ojos su olor aspiraste,
dicendome luego:
-¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos?
¿Con ramas de sauces te atas las trenzas?
¿ Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras
porque acaso en ella exprimiste un zumo
retinto y espeso de moras silvestres?
¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve!
Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas.
¿Que perfume usas? Y riendo te dije:
-¡Nintuno, ninguno!
Te amo y soy joven, huelo a primavera.
Este olor que sientes es de carne firme,
de mejillas claras y de sangre nueva.
¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo
las mismas fragancias de la primavera!
5 nov 2012
Alfonsina Storni
Frente al mar
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.
2 nov 2012
Amado Nervo
22 jun 2012
Jorge Luis Borges - Arte poética
18 jun 2012
Poema del secreto Jose ángel Buesa
Puedo tocar tu mano sin que tiemble la mía,y no volver el rostro para verte pasar.Puedo apretar mis labios un día y otro día...y no puedo olvidar.
Puedo mirar tus ojos y hablar frívolamente,casi aburridamente, sobre un tema vulgar,puedo decir tu nombre con voz indiferente...y no puedo olvidar.
Puedo estar a tu lado como si no estuviera,y encontrarte cien veces, asi como al azar...puedo verte con otro, sin suspirar siquiera,y no puedo olvidar.
Ya vez: Tu no sospechas este secreto amargo,mas amargo y profundo que el secreto del mar...porque puedo dejarte de amar, y sin embargo...°no te puedo olvidar!
9 may 2012
Para Cantar - Andres Eloy Blanco
donde se empieza a querer;
el que no lo vio no supo
cuándo, cómo, dónde fue.
Hubo quien lo vio y cayó
y aun después de caer
hizo otra vez el camino
para caer otra vez.
No hay manera de dejarlo
ni de salirlo a buscar;
es un punto en el camino
que tiene su caminar.
Nadie sabe las razones
de este empezarte a querer,
de este seguirte queriendo,
de este quererte después.
Que se devuelven los ojos,
que se devuelven los pies,
que se devuelven los sueños
adonde quiera que estés.
Yo tengo los pies enfermos
de un modo de caminar,
que se me devuelven solos
a donde quiera que estás.
18 feb 2012
Profecía - Rafael León
Me lo contaron ayer
las lenguas de doble filo,
que te casaste hace un mes
y me quedé tan tranquilo...
Otro cualquiera en mi caso,
se hubiera echao a llorá,
yo, cruzándome de brazos
dije que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro
ni enredarme en maldiciones
ni apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casao? -¡Buena suerte!
Vive cien años contenta
y a la hora de la muerte,
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi mare
que no te guardo rencor.
Porque sin sé tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
yo fui quien más te ha querío,
con eso tengo bastante.
Y haciendo un poco de historia,
nos volveremos atrás,
para recordar la gloria
de mis días de chaval.
-¿Qué tiene el niño, Malena?
Anda como trastornao,
le encuentro cara de pena
y el colorcillo quebrao.
Y ya no juega a la tropa,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose a coger níos.
¿No te parece a ti extraño?
No es una cosa muy rara
que un chaval de doce años
lleve tan triste la cara?...
Mira que soy perro viejo
y estás demasiao tranquila:
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigila, mujer, ¡vigila!
(Y fueron dos centinelas
los ojitos de mi mare):
-Cuando sale de la escuela
se va pa los Olivares.
-Y ¿qué es lo que busca allí?
-Una niña. Tendrá el mismo tiempo que él.
José Miguel, no le riñas,
que está empezando a querer.
Mi pare encendió un pitillo,
se enteró bien de tu nombre,
y te compró unos zarcillos
y a mí un pantalón de hombre.
Yo no te dije ¡te adoro!
pero amarré en tu balcón
mi lazo de seda y oro
de primera comunión.
Y tú, fina y orgullosa,
me ofreciste en recompensa
dos cintas color de rosa
que engalanaban tus trenzas.
-Voy a misa con mis primos.
-Bueno, te veré en la Ermita.
Y qué serios nos pusimos
al darte el agua bendita.
Mas luego en el campanario,
cuando rompimos a hablar:
-Dice mi tiíta Rosario
que la cigüeña es sagrá,
y el colorín, y la fuente,
y las flores, y el rocío,
y el romero de los montes
y el bronce de esta campana
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río,
y aquella cinta lejana
que la llaman horizonte.
¡Todo es sagrao: cielo y tierra,
porque too lo hizo Dios.
¿Qué te gusta más? ¡Tu pelo!
¡Qué bonito le salió!
-Pues, ¿y tu boca, y tus brazos,
y tus manos redonditas,
y tus pies fingiendo el paso
de las palomas zuritas?
Con la pureza de un copo
de nieve te comparé;
te revestí de piropos
de la cabeza a los pies.
A la vuelta te hice un ramo
de pitiminí precioso.
Y luego nos retratamos
en el agüita del pozo.
Y hablando de estas pamplinas
que se inventan las criaturas,
llegamos hasta la esquina
cogidos por la cintura.
Yo te pregunté: -¿En qué piensas?
Tú dijiste: -En darte un beso.
Y yo sentí una vergüenza
que me caló hasta los huesos.
De noche, muertos de luna,
nos vimos por la ventana.
-¡Chis!... Mi hermanito está en la cuna,
le estoy cantando la nana.
"Quítate de la esquina,
chiquillo loco,
que mi mare no quiere
ni yo tampoco."
Y mientras que tú cantabas
yo, inocente me pensé
que nos casaba la luna
como a marío y mujer.
¡Pamplinas! Figuraciones
que se inventan los chavales,
después la vía se impone:
tanto tienes, -tanto vales.
Por eso, yo al enterarme
que llevas un mes casá,
no dije que iba a matarme,
sino que me daba igual.
Mas como es rico tu dueño,
te vendo esta profecía:
Tú, cada noche, entre sueños
soñarás que me querías,
y recordarás la tarde
que mi boca te besó.
Y te llamarás ¡Cobarde!
como te lo llamo yo,
y verás, sueña que sueña,
que me morí siendo chico.
Y se llevó la cigüeña
mi corazón en su pico.
Pensarás: no es cierto nada.
Yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá en la madrugada
te despertarás llorando,
por el que no es tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más te ha querío:
con eso tengo bastante.
Por lo demás, tó se orvía.
Verás cómo Dios te envía
un hijo como una estrella.
Avísame deseguida,
me servirá de alegría
cantarle la nana aquella:
"Quítate de la esquina,
chiquillo loco,
que mi mare no quiere
ni yo tampoco."
Pensarás: Nno es sierto nada.
Yo sé que lo estoy soñando".
Pero allá en la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marío
ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más te ha querío:
con eso tengo bastante.
3 jun 2011
Pedro Orgambide "Mujer con violoncello"
De Cuentos con tangos y corridos
Ella toca el violoncello en la calle de tierra y la gente del pueblo apenas la mira, porque desde hace años eso sucede cada atardecer y a nadie se le ocurre interrumpir el concierto de la mujer del alemán y decir que se trata de la costumbre de una loca.
No; salvo que algún turista pregunte por qué hay una mujer tocando el violoncello en la calle de tierra. Entonces, si uno tiene ganas, le cuenta la historia. Y si no, mira hacia las montañas cubiertas de nieve y guarda el secreto, que es lo más prudente, lo que se debe hacer en familia.
Porque en verdad los forasteros entienden poco de estas cosas, de la gente que enloquece cuando sopla el viento del sur y uno se queda durante horas con su pensamiento. Son cosas que ocurren: uno está cardando lana o manejando la sierra del aserradero o... no importa lo que haga, de pronto, uno, como la loca del violoncello siente el vacío, la soledad de quedarse quieto mientras sopla el viento del sur.
No es fácil. Uno puede soñar cualquier delirio, extraviarse como esa pobre mujer mientras los hombres del hotel (el viajante, el escribano, el geólogo) hacen apuestas sobre cuándo dejará de tocar, cuánto tiempo estará allí antes de que el alemán la levante suavemente (a ella y su instrumento) y la lleve a su casa, esa cabaña de madera que está junto al aserradero, donde el alemán trabaja todo el día.
Buen hombre el alemán, muy trabajador. Lástima su mujer, dicen los hombres que hacen apuestas y juegan a las cartas y oyen las noticias de la radio, el informe del tiempo y el precio de los animales. Buen hombre, sí. Pero no era a él a quien quería la mujer, sino al otro. Al cantante, ¿se acuerdan? No; ya nadie se acuerda de aquel ignoto cantante de ópera que estuvo dando conciertos en el sur, enamorando a las muchachas; no pueden precisar el año en que la viuda escapó con él, rumbo a Chile.
Mujer muy rica la viuda, confirma el suizo que sirve las ginebras. Sopla el viento del sur y hay pocas cosas que hacer en el pueblo, así que los hombres escuchan el relato del suizo e imaginan a la mujer cuando llegó, con sus valijas, su baúl, el violoncello. Yo recuerdo ese día, cuenta el telegrafista que acaba de entrar al bar del hotel. Ella era muy joven y apenas si sabía hablar en castellano.
Envió un telegrama a Buenos Aires, pero nadie le respondió. Durante un mes, estuvo mandando telegramas a diferentes partes del mundo. Así supe que ella era una concertista famosa. No, no quería volver, antes tenía que encontrar a ese hombre, al cantante de ópera que la había abandonado. En la radio, informan que el camino hacia la cordillera está intransitable por la nieve.
Hace frío aquí, en la calle de tierra donde la mujer toca el violoncello. Será mejor que venga el alemán, que se la lleve. Y pensar que esa mujer cruzó la cordillera con una recua de mulas, buscando al hombre que había perdido, gritando el nombre de ese infeliz. Fue allí donde enloqueció, en ese viaje, en esa inútil expedición que casi le cuesta la vida. El suizo comenta que las cosas no fueron del todo así, que la locura no vino de golpe, sino de a poco.
Después del viaje, la mujer buscó trabajo como maestra de música. Los domingos, tocaba el armonio en el templo de los protestantes. Pero a veces se distraía, olvidaba sus manos en el teclado o comenzaba a cantar el aria de una ópera, interrumpiendo el sermón del pastor. El amor es imprudente, amigos, dice el escribano. Uno recuerda la belleza de la mujer antes de la enfermedad; otro, el asedio de los hombres. Pero eso ocurrió hace mucho. Ahora es una anciana. Si uno se acerca, puede ver sus arrugas, el rictus de la boca que sigue pronunciando el nombre del cantante.
Porque el amor es absurdo, dice el geólogo y pide otra ginebra. Sopla el viento del sur. Los hombres del hotel se acercan a la ventana y miran ese cuerpo muy flaco que parece crucificado en el violoncello. Quieren pensar en otra cosa, quieren olvidarla. Como si uno, cualquiera de nosotros, fuera el culpable de esa desdicha. No, son cosas que ocurren en cualquier lugar, no sólo en este pueblo.
Aunque las mujeres dicen que cuando sopla el viento del sur y los hombres están lejos, jugando a las cartas, ellas sienten ganas de morir, de saltar por las ventanas, de sentarse en la calle de tierra para oír a la loca del violoncello. En verdad, es muy difícil saber si alguien oyó su música.
Porque aquí lo único que se oye es el viento. Sí, yo la escuché —recuerda el suizo— fue antes de que agravara su enfermedad, cuando daba conciertos en las kermeses benéficas y en el viejo teatro que después transformaron en cine. Me acuerdo bien. La mujer no estaba del todo en sus cabales, pero parecía contenta. Antes de tocar, tomaba su vaso de bromuro y un té de boldo.
Así salía al escenario. Entrecerraba los ojos y comenzaba su concierto. Es cierto: a veces lo interrumpía a los cinco o diez minutos y otras seguía tocando cuando la gente ya había abandonado el teatro y sólo quedaba el alemán, el único melómano del pueblo. Los demás, debo reconocerlo, nunca fuimos demasiado exigentes con los artistas que llegaban de Buenos Aires.
Pero no nos gusta que los forasteros se burlen cuando ella está tocando. No, eso no está bien. Es lo que pensó el alemán cuando los muchachones se rieron al verla dormida junto a su violoncello. El hombre la defendió de los insolentes y la levantó con suavidad (a ella y su instrumento) y supo que la quería, aunque ella siguiera pensando en el cantante de ópera. Un juez de paz les concedió el permiso y se casaron. Desde entonces, viven en la cabaña, junto al aserradero.
Y cada atardecer, desde hace años, vienen al pueblo y la mujer pone una silla en la calle de tierra y toma su violoncello y comienza a tocar. El alemán, que la trae en el jeep, aprovecha el tiempo y hace algunos trámites o viene a charlar con nosotros, al bar del hotel. Ya viene el alemán.
Camina hacia su mujer, que sigue tocando el violoncello. Solo, en medio de la calle de tierra, el alemán aplaude. Ella escucha el aplauso de la sala y sabe que ha sido una hermosa función la de esta noche. Saluda con la mano a sus admiradores invisibles.
Entonces el alemán ofrece su brazo a la joven concertista y la lleva hasta el jeep. Carga la silla y toca dulcemente con el arco al violoncello sin cuerdas. Como todas las tardes. Es algo que la gente del pueblo sabe que va a suceder; a nadie le asombra. Pero siempre hay algún turista que pregunta por qué hay una mujer tocando el violoncello en la calle de tierra. Entonces, si uno tiene ganas, le cuenta la historia.
17 ago 2009
Palabreo de la Loca Luz Caraballo
14 jul 2009
Violonchelo
Donde la luna dilata
Largo reguero de plata
Que induce a peregrinar.
En la pureza infinita
En que se ha abismado el cielo,
Un ilusorio pañuelo
Tus adioses solicita.
Y ante la excelsa quietud,
Cuando en mis brazos te estrecho
Es tu alma, sobre mi pecho,
Melancólico laúd.
27 abr 2009
Maria Laura Romero
Si supieras cuanto te amo
Si pudieras comprenderlo
Podrías soportar la distancia
Que ahora nos separa.
Si supieras cuanto he esperado
Para verte llegar a mi vida
Llenándola de juegos y alegrías
Colocando en mis labios una sonrisa.
Si pudieras comprender que dejaría todo
Por tu tierno beso,
Q por una caricia tuya llegaría
a los confines del universo.
Si supieras de lo que esta hecho mi corazón
Si tan solo lo sintieras
No dudarías ni de mí ni de mi gran amor
Porque es difícil que otra te ame como yo.
Si supieras Marcelo, mi vida, mi cielo, mi todo
Que tu eres la persona con la que quiero
Soñar, crecer, sanar,
Si tan solo lo entendieses tal vez
Por un minuto Mi mundo y el tuyo se detendrían
a contemplar que ha nacido de esa forma
el amor mas puro que ha existido jamás.
Manuel Acuña
¡Pues bien! yo necesito
decirte que te adoro
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto
al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
II
Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no se ni dónde
se alzaba el porvenir.
III
De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
IV
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás,
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.
V
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y hundirte en mi pasión
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿Que quieres tu que yo haga,
pedazo de mi vida?
¿Que quieres tu que yo haga
con este corazón?
VI
Y luego que ya estaba
concluido tu santuario,
tu lámpara encendida,
tu velo en el altar;
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...
VII
¡Que hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Dios!
VIII
¡Figúrate que hermosas
las horas de esa vida!
Que dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida;
y al delirar en ello
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no mas por ti.
IX
!Bien sabe Dios que ese era
mi mas hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
X
Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!
Lila Meléndez Meléndez
Fue mentira tu beso, pero existe tu boca.
Fue mentira tu amor, pero verdad mi sueño.
Fue sabrosa la vida de la aventura loca
que exprimí de tus frutos con sutiles empeños.
Fuiste mentira amándome, pero verdad ahora
por tu casi presencia en mi cuerpo encendido,
porque aunque no te palpe con mi mano caliente,
en mi vida toda eres como un grito tendido.
Eres fruto, eres miel, ventura deliciosa;
te he vestido de sueños, te he cubierto de rosas,
y aunque te rías, torpe, de mi sueño galante,
en tus noches paganas me llamas delirante.
Y en mi lujuria ardida de joven y poeta
me besas cuando quieras lanzarme una saeta,
me nombras cuando quieras apagarte mi nombre
y mi recuerdo enciende tu deseo. No te asombre.
Eres, estás y seguirás siendo para mí lo que eres.
Ya no puedo cambiar la carne de tu beso
por la carne que profane la boca de otros seres,
y es por eso que, al verte fugaz, me gozo de embeleso
por llamarte distinto con mi nombre amoroso,
por vestirte de sueños, por cubrirte de rosas,
por llorar de tristeza, por reír de alborozo
al sentirte muy cerca de mi cuerpo fogoso
PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismo árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
20 abr 2009
Poema de las Cosas
oirás que alguien te llama sin que tu sepas quién
y aprenderás entonces, que hay cosas como el viento
que existen ciertamente, pero que no se vén...
Y también es posible que una tarde de hastío
como florece un surco, te renazca un afán
y aprenderás entonces que hay cosas como el río
que se estan yendo siempre, pero que no se van...
O al cruzar una calle, tu corazón risueño
recordará una pena que no tuviste ayer
y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño,
cosas que nunca han sido, pero que pueden ser...
Por más que tu prefieras ignorar estas cosas
sabrás por qué suspiras oyendo una canción
y aprenderás entonces que hay cosas como rosas,
cosas que son hermosas, sin saber que lo son...
Y una tarde cualquiera, sentirás que te has ido
y un soplo de ceniza regará tu jardín
y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido
son las únicas cosas que nunca tienen fin.
Jose Angel Buesa
4 mar 2008
Sonatina de rubrn dario


La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
7 nov 2007
El Gran Andres Eloy Blanco
En la misma cuna de Sucre (Cumaná - Edo. Sucre), nace el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco. Sus padres fueron el doctor Luis Felipe Blanco y la señora Dolores Meaño de Blanco. Cuando el bardo contaba apenas con ocho años de edad, su familia es confinada en Margarita (1905) por desavenencias con el gobierno de Cipriano Castro, hasta 1909, ya en el mandato de Juan Vicente Gómez (1909-1935).
Estudia derecho en la Universidad Central de Venezuela y según algunas fuentes se gradúa en 1919, de acuerdo a otras, en 1920. Dentro de sus primeros clientes se encuentra doña Pancha Vásquez, quien dueña de un gran hato en el cajón del Arauca, y sirve de inspiración para la Doña Bárbara de Rómulo Gallegos.
En 1921 es galardonado en un concurso literario del Zulia y edita "Tierras que me oyeron". En 1922 publica "Los Claveles de la puerta". En 1923 obtiene el Primer Premio en los Juegos Florales de Santander con su poema "Canto a España". Viaja a la península para recibir el premio, permaneciendo en Europa durante más de un año. Allí conoce los movimientos de vanguardia de la época. En 1924 es electo miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. En ese mismo año viaja a La Habana, donde se reúne con exiliados gomecistas e intelectuales cubanos.
Al regreso publica "El amor no fue a los toros". El 2 de febrero de 1927, muere su padre. En 1928, comienza a editar el periódico anti-gomecista "El Imparcial", que circula subrepticiamente y se vincula con las organizaciones clandestinas USCA (Unión Social Constructiva Americana) y FAR (Frente de Acción Revolucionaria).
Después del golpe del 7 de abril de 1928 es hecho prisionero nuevamente en La Rotunda, trasladado más tarde al Castillo Libertador de Puerto Cabello y finalmente confinado en Timotos y luego en Valera.
En 1932 se le permite regresar a Caracas por estar enfermo, pero prohibiéndole publicar en la prensa y hablar por radio. En 1934 aparece "Poda", que es el saldo de su producción entre 1923 y 1928. En 1935 publica "La aereoplana clueca", volumen de cuentos con un gran sabor humorístico que desembocará en el semanario "El Morrocoy Azul".
En 1942 publica "Navegación de altura" (compilación de artículos políticos). En 1944 se casa con Lilina Iturbe. En 1946 viaja a México para pronunciar el discurso de orden en la inauguración de un monumento a Simón Bolívar. A finales de este año preside la Asamblea Nacional Constituyente, convocada para la reforma de la "Carta fundamental". En 1947 publica "Vargas, albacea de la angustia" (biografía). En 1948, el presidente Rómulo Gallegos lo designa Ministro de Relaciones Exteriores.
Tras el derrocamiento de Rómulo Gallegos se conforma una nueva Junta de Gobierno, presidida por el teniente-coronel Carlos Delagado Chalbaud. Acción Democrática es disuelta y el poeta y su familia salen de Venezuela a Cuba para trasladarse luego a México. Lejos de la contienda política, Andrés Eloy Blanco escribe de nuevo. De este retorno a la creación literaria encontramos: "A un año de tu luz" (1951) y "Giraluna"(1955). El 21 de mayo de 1955 fallece trágicamente en Ciudad de México.
COPLAS DEL AMOR VIAJERO
Ya pasaste por mi casa,
a flor de ti la sonrisa...
Fuiste un ensueño de gasa;
fuiste una gasa en la brisa...
Te vi flotar en la bruma
que tu blancura aureola,
como un boceto de espuma
sobre un pedestal de ola.
Yo, que he buscado el lucero
que a Belén lleve el camino,
preso por lazos de acero
al potro de mi destino
,pensé: -En sus brazos, con Ella,
¡romperé, acero, tus lazos!
¿Para qué quiere una estrella
quien tiene al cielo en los brazos?
Y tan cerca llegué a verte
que te rozaba mi dedo...
Tuve miedo de quererte...
y ya es querer, tener miedo.
Ansiosos se han emboscado
en mis ojos, mis antojos,
y tú también me has besado
veinte veces con los ojos.
Y tu mano pasionaria,
aquella noche huyó en vano,
porque mi mano corsaria
fue gavilán de tu mano.
Y he sentido que temblaban
tus labios en el café,
cuando mis pies se angustiabana
corralando tu pie...
Pero te vas, sin dejar
ni una huella en el camino...
Sombra azul que cruza el mar
la borra el azul marino...
No sé si me olvidarás
ni si es amor este miedo;
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.
Tal vez mañana, un mañana
remoto, traiga a tu lado,
con el sol, por tu ventana,
un rayo azul del pasado.
Releyendo viejas cosas
y evocando cosas idas,
entre amarillentas rosas
y epístolas desvaídas,
encontrarás al acaso
estas coplas del camino,
como en el fondo de un vaso
roto una mancha de vino.
Al oído de la nieta
tu voz de abuela hablará:
-Son los versos de un poeta
que no sé si existe ya...
Ella dirá: -¿Cómo era?-
¿Cruzará ignotos países
y cuál tú, sombra viajera,
tendrá los cabellos grises?
Yo, entre tanto, junto al mar,
esperaré tu venida
y en un eterno esperar
se me pasará la vida.
Vida traidora, por quien
todo este Sueño se muere,
si no te hice ningún bien,
¿por qué tu mano me hiere?
Mi voz querrá ensordecer
al propio mar con su llanto:
¿Por qué no la vuelvo a ver,
mi Dios, si la quiero tanto?
Y mi canción irá sola
hacia donde tú te pierdes...
donde ella pase, la ola
tendrá un dolor de aguas verdes...
No sé si me olvidarás
ni si es amor este miedo;
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.
Y que si te quise ayer,
hoy te siento más tirana
y si así crece el querer
¡cómo te querré mañana!
